¿Puede una persona amar realmente a otra exactamente como se ama a sí misma?
¿Qué exige “amarás a tu prójimo como a ti mismo” si una persona siente naturalmente sus propias necesidades con mayor inmediatez que las de los demás?
La fuente pregunta si la Torá exige literalmente una intensidad emocional idéntica hacia el prójimo y hacia uno mismo. Desarrolla la idea mediante imágenes rabínicas de Israel como un solo cuerpo con muchos miembros y por medio de la distinción entre prioridad práctica e identificación interior. El artículo hebreo no exige una igualdad matemática en cada distribución de recursos; orienta, en cambio, a eliminar la envidia, desear sinceramente el bien del otro y aprender a ver al prójimo como conectado y no ajeno. Cuanto más se define la persona por su alma y menos por el ego y la competencia, más natural se vuelve esta forma de amor. El versículo se convierte así en un programa exigente pero comprensible de empatía, generosidad e identidad compartida.