¿Por qué nuestras mejores decisiones desaparecen tan rápido dentro de los viejos hábitos?
Una decisión sincera puede ser real y aun así no sobrevivir a la vida cotidiana. La intención vive en un momento; los hábitos viven en horarios, lugares, disparadores, rutinas y entornos. Por eso el cambio duradero necesita más que fuerza de voluntad. Necesita una acción pequeña, una señal clara, un contexto realista y una forma de volver después de una caída sin declarar falso todo el esfuerzo. La medida del cambio no es no tropezar nunca más, sino comprobar que la nueva respuesta aparece con mayor facilidad, frecuencia y profundidad en la vida común.