¿Qué cambiaría si supiéramos que éste es nuestro último año?
La conciencia de la muerte puede asustarnos, pero también puede aclarar nuestras prioridades. Si el tiempo fuera visiblemente limitado, muchas urgencias se volverían pequeñas, mientras que las relaciones, las disculpas pendientes, la salud, la oración, el estudio y la presencia serían mucho más difíciles de posponer. La idea no es vivir cada día como una cuenta regresiva. Es permitir que la finitud revele la diferencia entre lo ruidoso y lo importante. Una vida con sentido no se construye sólo con decisiones dramáticas, sino dando a lo esencial una parte suficiente de nuestros días normales antes de que se conviertan en recuerdos.