¿Y si la persona a la que necesitamos pedir perdón ya no está aquí?

En la víspera de Yom Kipur, los teléfonos se llenan de mensajes de disculpa. Pero hay números a los que ya no se puede llamar.
Un padre que ya no está. Una madre a la que nunca agradecimos bien. Un amigo cuya relación con nosotros se congeló. A veces la persona sigue viva, pero años de distancia han vuelto la conversación casi imposible.
Maimónides enseña que las faltas entre personas no quedan perdonadas hasta que quien fue herido sea apaciguado, e incluso trata el caso en que esa persona ya murió.
La ley es fuerte, pero también grita hacia los vivos: si todavía está aquí, ¿por qué esperar?
Vivimos como si siempre hubiera otro día, otra fiesta, otra oportunidad para decir “me equivoqué”. No tenemos ningún contrato con el tiempo.
Yom Kipur nos recuerda que no todas las puertas permanecen abiertas para siempre.
Si todavía puedes decir a alguien “perdón”, “gracias”, “te quiero” o “empecemos de nuevo”, no esperes al día en que esa puerta ya no pueda abrirse.