Si ésta fuera nuestra última Neilá, ¿por qué rezaríamos de otra manera?

Al final de Yom Kipur llega Neilá. El sol baja. Un día que por la mañana parecía muy largo casi terminó.
De pronto, palabras que dijimos durante todo el día adquieren otro peso.
No porque sepamos que ésta es nuestra última oración. No lo sabemos. Sino porque Neilá introduce en la vida la sensación de límite.
Hay verdades que la mente humana sólo comprende cuando la puerta empieza a cerrarse. Sabemos que los hijos crecerán, pero vivimos como si fueran a ser pequeños para siempre. Sabemos que los padres envejecen, pero actuamos como si hubiera visitas infinitas. Sabemos que la vida es limitada, pero postergamos lo importante para cuando haya menos presión.
Neilá no es sólo el final de Yom Kipur. Es una representación de una verdad que evitamos todo el año: no toda ventana permanece abierta para siempre.
No es un pensamiento deprimente. El límite da valor al momento.
Si sabes que no tienes días infinitos, ¿por qué sigues postergando para otro día las cosas por las que realmente vale la pena vivir?