¿Qué sabe la sucá sobre la felicidad que nuestra casa olvidó?

En casa hay más: más espacio, más comodidad, más privacidad y más protección. Sin embargo, precisamente Sucot es llamado tiempo de alegría. Tal vez la felicidad no crece siempre en proporción directa a la cantidad de cosas que tenemos.
Cuanto más poseemos, más hay que mantener, comparar, mejorar y temer perder. En la sucá todo se vuelve de repente más simple: una mesa, sillas, comida, personas y sejaj. Y todavía es posible estar alegre.
No porque la pobreza sea un ideal, sino porque la sencillez revela qué necesita realmente un buen momento. Muchas de las cosas por las que trabajamos duro mejoran las condiciones de vida. No todas mejoran la vida misma.
Tal vez la sucá no nos pide vivir con menos. Tal vez nos pide descubrir qué poco hace falta en realidad para sentir que tenemos mucho.