¿Qué nos enseña la sucá sobre nuestros hijos?

Trabajamos por ellos, ahorramos por ellos, les compramos cosas, los llevamos de un lugar a otro e intentamos darles lo que nosotros no tuvimos. Pero a veces, dentro de todo lo que damos a nuestros hijos, les falta aquello que no puede pedirse por internet: nosotros.
En la sucá la familia pasa a un espacio más pequeño. La mesa está cerca, las sillas están cerca y todos se sientan bajo el mismo sejaj. “Habitar como se vive” (Sucá 28b). La mitzvá lleva la vida dentro de la sucá.
Es una oportunidad para preguntar qué tipo de vida encuentran nuestros hijos cuando nos encuentran a nosotros. ¿Conocen sobre todo nuestra espalda frente al ordenador, la mano que sostiene el teléfono, la frase “en un minuto”? Los hijos no recuerdan sólo lo que les compramos. Se construyen también a partir de la experiencia de si tuvieron un lugar en nuestra atención.
Dentro de veinte años un hijo quizá no recuerde qué decoración colgaba en la sucá. Puede recordar con claridad si, cuando habló en la mesa, su padre o su madre levantaron los ojos, dejaron el teléfono y escucharon como si, en ese momento, nada en el mundo fuera más importante.